25/08/2017

El turismo masivo es blanco de vandalismo en destinos europeos

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"¡Fuera el turismo de esta ciudad!", es el grito de guerra. En España se lo ve tanto en pintadas callejeras como en la bravuconada de hordas juveniles que irrumpen en hoteles o en micros de turismo para amedrentar a los visitantes.


Ocurrió días atrás en varios hoteles de Barcelona, uno de los epicentros de la agresividad de esta movida, y hubo ataques de pánico entre los huéspedes. Algunos de ellos eran gente mayor que esperaba para una cena, un evento que se canceló abruptamente entre una lluvia de vidrios rotos.

Hasta ahora no hay detenidos, ni es probable que los haya. Por un lado, porque no está claro que exista voluntad y decisión política para enfrentar la gravedad del fenómeno. Por el otro, porque es operativamente difícil: según testigos, los vándalos estaban disfrazados de payasos o encapuchados. En las jornadas siguientes irrumpieron de igual modo en restaurantes de la zona costera, donde amedrentaron a los viandantes.

Luego la emprendieron contra bicicletas de alquiler, convencidos de que son usadas principalmente por turistas, y las dejaron inutilizadas.

Sin llegar a esa virulencia, la "turismofobia" se recalienta en el verano europeo en ciudades como Venecia, Florencia, Roma y París.

"Esto ya es un circo insoportable", claman los vecinos de la ciudad de los canales, que retroceden ante lo que ven como una invasión de miles y miles de turistas por día.

"Lo peor es cuando llegan los cruceros. O peor aún, cuando llegan varios cruceros en un día", se lamentan en las principales ciudades del recorrido por el Mediterráneo.

Palma de Mallorca, en las Islas Baleares; Valencia, Barcelona, la isla de Ibiza; Nápoles, Cannes y Atenas, entre otras están en alerta ante el creciente malestar de sus habitantes por lo que consideran una explotación sin control y una suba de precios para la vida cotidiana que los perjudica.

"Van a matar a la gallina de los huevos de oro", claman las asociaciones empresariales que trabajan en el sector turístico. Una industria que, en países como Italia y España, representa más del 10 por ciento de su Producto Bruto Interno.

"Es la maldita bendición. Su propio y singular petróleo. España no puede vivir sin turismo y se lo está atacando", sostuvo Javier Carvajal Fernández, de la Asociación de Hoteleros de Andalucía.

El turismo extranjero no para de crecer en España y, año tras año, proyecta nuevos récords. La previsión para este año es de 84 millones de visitantes. En un país que tiene una población de 46,6 millones y que año tras año sigue perdiendo habitantes.

En Italia, la industria ha crecido al extremo de que de ella depende el 11 por ciento de su mano de obra ocupada.

Con sus alzas y bajas, la animadversión hacia el turismo ruidoso e invasivo es conocida en ciudades europeas. El fenómeno se ha exacerbado, en lo global, con la irrupción de los portales de Internet que ofrecen departamentos turísticos.

"Mi casa no es un hotel" es un lema que identifica a vecinos indignados de Barcelona, donde esa oferta privada disparó un aumento de más del cien por ciento en el precio promedio de los alquileres.

"No consigo casa. Yo ahora pago 500 euros mensuales, pero el propietario lo quiere para darlo en renta turística. Para irme a uno mucho peor me piden 930 euros y es eso o la calle. Porque no hay más", es una queja que, palabras más, palabras menos, se repite en la ciudad condal ante la paradoja de un turismo que da trabajo pero eleva los costos.

En Baleares, donde las opciones son aún menores, las autoridades tuvieron que disponer espacios públicos para alojar a personal de la administración.

"No hay policía, ni médico que quiera venir aquí porque, con lo que subieron los alquileres por el turismo, no hay forma de que el sueldo alcance", dijo Juan Jesús Ordaz, del sindicato Comisiones Obreras. Hay hospitales que se vieron forzados a habilitar espacios que se destinaban de salud para alojar a su personal.

El otro componente atípico del cóctel es el reclamo independentista. Radicales soberanistas de Cataluña y del País Vasco aprovecharon el desorden para resucitar un vandalismo callejero de tinte separatista que estaba poco menos que desaparecido.

"Esto ocurre cuando en vez de ocuparse de las cosas que de verdad aquejan a los ciudadanos los gobiernos se obsesionan con quimeras independentistas. Luego todo se mezcla y vuelve a suceder", dijo Miguel Gutiérrez, de la mesa directiva del partido Ciudadanos en el Congreso de los Diputados.

Grupos radicales tanto del independentismo vasco como del catalán anunciaron marchas contra el turismo y contra la presencia de extranjeros.

A caballo del problema de una industria que ha crecido a niveles desafiantes, encontraron un nuevo filón para hacerse oír y confundirlo todo.

Fuente: Lanacion.com