Manuela y su actual situación por coronavirus en Venezuela

Manuela reside en el barrio Petare, uno de los más populares de San Blas, Venezuela, donde el coronavirus llega sin “discriminación”

Y sí, el coronavirus puede llegar hasta la casa de Manuela, en un sector pobre en Venezuela, donde termina el asfalto, todo está sobre polvo y tierra arcillosa por haber absorbido descendientes aguas negras y, su casa es en latón y madera, un “ranchito” lo llama ella.

Estas son palabras de Manuela en una entrevista para la BBC Mundo: “No salgo a comprar porque como no trabajo, no tengo real”. Y, es que Manuela (antes de las restricciones), ganaba al mes el equivalente a 10 € con su trabajo.

La periodista de la BBC Mundo, encuentra en la casa de Manuela un billete un poco rasgado de US$ 1 sobre un altar, “Si me lo aceptaran, no estaría ahí”, son las palabras de Manuela referente al tema.

Desempleada en su totalidad, sin el almuerzo que toma en las casas en las que hace aseo, sin los productos que sus empleadores le regalan, a Manuela sólo le queda esperar “la caja” (el lote de alimentos subsidiados que el gobierno vende por un precio ínfimo).

El recurso de “la caja”

Manuela lo recibió por primera vez (desde enero), finalizando el mes de marzo. “La caja” está compuesta por tres paquetes de arroz, dos de pasta, dos de harina, dos latas de atún, una botella de aceite, una libra de leche, un paquete de azúcar y dos kilos de frijoles.

Los residentes del barrio necesitan ver esos productos con más regularidad, ya que antes era para complementar, pero ahora, es el único recurso que tiene la mayoría, caso que incluye a Manuela.

Roxana (una vecina de manuela con cuatro hijos), le cuenta que tiene temor al hambre de esta manera: “No es por mí, sino por mis hijos, porque mi entrada de comida y ayuda económica es la del trabajo, y si mi pareja y yo no tenemos, cómo les damos alimentos”. (-) “Ya casi estamos sin plata. El poquito ahorro se nos acaba”.

¿Y los productos de aseo?

Manuela consiguió recientemente dos pastillas de jabón artesanal a cambio de un paquete de lentejas.

Lo anterior es muestra de cómo ha empeorado la situación en San Blas, en principio a causa de la dolarización y, como complemento, la pandemia del coronavirus.

“Ya no compro papel tualé”, cuenta Manuela. “Ahora uso un pañito y lo lavo después de usarlo”.

La situación de Manuela fue empeorando cada vez más conforme el país se fue hundiendo en la crisis económica que le azota desde hace años. Actualmente el tema del covid-19 la tiene en esa situación descrita.

“No sé qué se va a hacer”, dice serenamente, con la misma incertidumbre que asola al mundo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *